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Beneficios inmediatos, daños permanentes


Por José Díaz Cervera

Hace ya dos sexenios, alguien tuvo la peregrina y siniestra idea de utilizar las zonas arqueológicas para la realización de recitales musicales y espectáculos de índole diversa.
Sin ningún respeto por las culturas regionales y sin otra consideración que la del lucro, se organizaron en Tajín y en Chichén-Itzá eventos masivos cuyo despliegue estructural y dimensiones acústicas generaron, ahora lo sabemos, daños permanentes en algunas pirámides.
Así, se dice que en el concierto de Elton John, efectuado en abril de 2010, hubo un ingreso cercano a los 40 millones de pesos, de los cuales INAH recibió poco más de 2 millones, más alrededor de 170 mil pesos por concepto de derechos de ingreso de los asistentes a la zona.
En el caso de la “Cumbre Tajínâ€, INAH recibió, hasta el 2007, 2 millones de pesos anuales por permitir la realización de eventos diversos en esa zona arqueológica del norte de Veracruz, mientras los organizadores se llevaron quince veces más. En años recientes, la zona arqueológica ha recibido 3 millones de pesos, pero la ganancia de los organizadores ha crecido también de manera proporcional.
Y es que, si bien es cierto que las construcciones antiguas de las zonas arqueológicas han logrado resistir el paso del tiempo, no podemos soslayar que la música (sobre todo si ésta se reproduce a volúmenes muy altos) genera una serie de vibraciones que afecta a cualquier cuerpo sólido.
Más allá de esto, está también el hecho de que, a final de cuentas, las zonas arqueológicas son sitios sagrados y ese estatus debe defenderse en todo momento. Trivializar una zona arqueológica convirtiéndola en un marco escénico para un espectáculo mediático es faltarle al respeto a nuestra cultura.
Ahora bien, si ya es un despropósito que el afán comercializador pase por encima de cualquier cosa en su afán de ganar dinero, lo que es más grave aún es que haya funcionarios que promuevan ese tipo de eventos, y ahí tendríamos que tomar medidas jurídicas en contra de los mismos, acusarlos de daño patrimonial o señalarlos como criminales de lesa humanidad.
Usar las zonas para espectáculos masivos, shows mediáticos o mítines políticos es faltarle al respeto a los verdaderos dueños de esta tierra, a su cultura, a sus tradiciones y a su forma de ver el mundo.
A mí no me gustaría que alguien fuera a hacer una fiesta a la tumba de mi padre, o que use su cripta como un baño, y eso es lo que hemos hecho con las zonas arqueológicas en un país como el nuestro que, además, fue víctima (junto con otros países de la región) de uno de los hechos más lamentables de la historia humana como el genocidio por el que se invalidaron la vida, la cultura y los símbolos de identidad de las civilizaciones originarias. Convertir una zona arqueológica en un auditorio exclusivo para gente pudiente es dar continuidad al coloniaje.
Que la SEP admita daño irreversible en sitios arqueológicos como Chichén Itzá no es suficiente, ni siquiera lo es endurecer las normas para el uso de las zonas arqueológicas. Hay que señalar a los culpables y fincarles responsabilidades jurídicas.

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