Cultura

El enojo al ventanear

Ivi May Dzib

Apuntes de un escribidor

Todas las mañanas el presidente de la república convoca a periodistas y público en general a una conferencia donde habla sobre lo que se está haciendo y se hará en el país, también responde a preguntas que tienen relación con lo más sonado del acontecer de la república mexicana, hay quienes odian estas conferencias, ya que las consideran un acto de adoctrinamiento en donde López Obrador se comporta de manera mesiánica haciendo incluso citas bíblicas o hablando de cómo debería de ser la moral del país. Obviamente, los más inconformes con estas comparecencias son los prianistas, y es que AMLO se ha encargado de decir sin pelos en la lengua los nombres y apellidos de quienes han dejado en la ruina a este país, mostrando el daño inconmensurable que ha dejado la ambición de los ex y actuales funcionarios públicos, aunque también ha dado respuestas a las venenosas inquietudes de la oposición.

Desde el huachicoleo a Pemex y la manera en la que se operaba desde la misma institución y con el aval de sus dirigentes, hasta el jugoso negocio que los panistas estaban haciendo con las estancias infantiles, pasando por el desfalco a la comisión federal de electricidad, exhibiendo a los empresarios que gracias a Enrique Peña Nieto se enriquecieron y siguen haciéndolo a costa de contratos y licitaciones tramposas, sin olvidar a los exfuncionarios públicos incluyendo a expresidentes que inmoral (pero legalmente) se encargaron de beneficiar a empresas para luego trabajar en ellas una vez retirados del cargo. Todo esto se ventila por las mañanas, se revelan nombres y actos que nos muestran el gran nivel de corrupción que impera en el país, pero hay muchos que anhelan que todo siga igual, que se siga viviendo en la simulación y que el dinero público siga sirviendo para enriquecer a algunos cuantos sin importar las necesidades de la población.

No falta quienes consideran que toda esta información no sirve para nada, que el presidente termina siendo un emisor de chismes, ya que no es capaz de castigar jurídicamente a los que menciona, entonces se preguntan para qué tanto escándalo. Y es que si estamos hablando de moral es bueno que dejemos a un lado la simulación y la negación, en los sexenios pasados cualquier acto evidente de corrupción era clasificado como un secreto de Estado que atentaba contra la seguridad nacional, o más bien que atentaba contra el negocio de los políticos y siempre era la población la que tenía que pagar los platos rotos. López Obrador nos habla de los desfalcos de la Sedesol y es que esto ha provocado que se reestructuren los programas e, incluso, que se detengan algunos, lo que ha causado una serie de enojos y hasta una propaganda desinformativa en el que se acusa al presidente de querer retirar maliciosamente el apoyo a quienes más lo necesitan, pero en realidad lo que está haciendo es quitarle las jugosas ganancias que de estos programas sacaban los que más tienen y los que ven en el servicio público una mina de oro.

Aquí es entonces cuando deberíamos pensar si necesitamos que nos abran los ojos y saber qué se hizo con nuestro dinero o si queremos vivir como siempre, engañados y bajo la estafa de que están trabajando para nosotros. Nos acostumbraron a ver con mucha simpleza las acciones del gobierno, nos enseñaron que lo normal era que nos robaran y que había que quedarnos callados y no saber nada, no acusar directamente a nadie. El robo era un secreto a voces y me parece muy positivo que se esté divulgando el nombre de los culpables. Es obvio que ante esto solo tendremos la negación e indignación de los grandes transas y por parte de los detractores del gobierno un enorme malestar por estar ventilando la manera legal y muchas veces ilegal de manejar un país, porque eso es de mal gusto, eso no se hace, es traicionar toda una costumbre ancestral de rata a rata, pero lo que sucede todas las mañanas, la información que recibimos, eso sí que huele a Cuarta Transformación.

ivimayd@hotmail.com