Cultura

La heladería cubana con nombre de ballet

 

 

 

 

 

 

Por Marina MenéndezFotos: Lisbet Goenaga

LA HABANA (Especial para POR ESTO!).– La heladería más famosa de la capital cubana al punto de considerársele monumento, reabrió sus puertas este martes luego de una restauración de tres meses para ponerla a tono con el cumpleaños que se avecina: el medio milenio de La Habana.

Considerada la Catedral del Helado no sólo por su ingenioso y vistoso diseño, que termina en cúpula y se debe al arquitecto Mario Girona, sino por la multiplicidad de sabores y combinaciones que expendía, el Coppelia ha sido sitio obligado de visita para todos los habaneros y quienes visitan la capital, aun cuando al paso de los años sus ofertas no fueran tan variadas ni tan cuidadosas en su presentación.

Abrió sus puertas la instalación, rodeada de jardines y provista de dos plantas, el 4 de junio de 1966. Entonces era portadora de una carta con 24 sabores que incluían muchos de frutos, incluyendo el limón, la almendra y la nuez, y las que entonces considerábamos raras combinaciones, como la menta con trocitos de chocolate.

Tal surtido se daba la mano con la variedad en el modo de servir el helado: copa Lolita si las bolas iban acompañadas de flan; Turquino (como el más alto pico cubano) si tenía en el centro una cuña de pastel con la punta hacia arriba; Banana Split si se servían con plátanos; Tres Gracias, si una sólo quería comer tres bolas; Ensalada, provista de cinco, con sabores distintos. Todo, con una cuota generosa y ahora añorada de sirope y marshmallow…

Su fama fue tal que a casi todas las cabeceras provinciales se las dotó de su Coppelia: instalaciones menos ostentosas que la capitalina –con un área que abarca una manzana–, pero provistas de los mismos cristales de colores que caracterizan a la original, e identificadas por la imagen de las piernas de una bailarina que evoca a la simpar Alicia Alonso interpretando el ballet que le da nombre a la heladería.

Quizá porque esa coreografía se desarrolla en una juguetería, se bautizó así a la instalación. O tal vez fuese por el glamour de sus bien dispuestos y sabrosos platos originales, fuentecillas y copas de un helado cremoso como no se ha probado jamás.

Algunos han estimado que en el Coppelia se llegaron a vender más de 4,000 galones diarios, y se convirtió en una línea completa que incluía la producción, y la venta fuera de la heladería, en carritos que recorrían los barrios.

Ahora, el propósito no ha sido sólo acicalar su fisonomía, sino su menú, recuperando la producción de al menos 20 sabores, de modo de estabilizar el expendio de un mínimo de 15 diariamente, algo no visto hace tiempo allí.

Este martes, decenas de personas hicieron fila desde temprano para el reestreno, que muchos agradecen. Más que un sitio donde tomar helado, el Coppelia es un irrenunciable paseo dominical para los capitalinos.