Síguenos

Última hora

Precio del mero estará por los cielos durante la Cuaresma en Yucatán

Internacional

La base política electoral de Donald Trump

Por Manuel E. Yepe

Los teóricos marxistas, junto con la mayoría de los historiadores, han explicado que el fascismo tiene una columna vertebral formada por una alianza política entre el capital monopolista (hoy capital monopolista financiero) y determinado estrato de la clase media o pequeña burguesía. Históricamente, la extrema derecha también ha ganado adeptos que provienen del ámbito rural, de las religiones establecidas y de sectores de las fuerzas armadas.

Sin embargo, como sostiene John Bellamy Foster, profesor de sociología en la Universidad de Oregon y editor de la revista Monthly Review, el fascismo siempre está marginalmente presente en las sociedades capitalistas, porque sólo puede consolidarse como un movimiento en aquellos casos en que la clase capitalista les ofrece su aliento y apoyo, movilizando activamente los elementos más reaccionarios de la “clase media” que actúa como la retaguardia del sistema.

Hoy hay una crisis estructural de capital mucho más profunda que la crisis financiera del 2008. Esta crisis se originó con una larga desaceleración de las economías capitalistas avanzadas que se caracterizó por la sobreacumulación de capital.

Los conflictos internacionales y el racismo están en aumento y tanto Estados Unidos como Europa están experimentando un descenso dentro de la jerarquía económica internacional, simbolizada por el ascenso de China.

Hay, además, una crisis ecológica planetaria en una escala que no tiene precedentes y que amenaza el futuro de la humanidad, no en un período lejano, sino en el presente siglo.

El neoliberalismo, que subordina el aparato estatal a las relaciones mercantiles está disolviendo sistemáticamente todas las relaciones comunitarias, transformándolas en meras relaciones comerciales.

Esta política ha servido para deslegitimar al Estado, cuyo efecto involuntario ha sido alentar el desarrollo de movimientos radicales de derecha o neofascistas que sólo simbólicamente se oponen a las elites políticas liberales y neoliberales, pero han logrado influencia entre los sectores empobrecidos, dice Foster.

En Estados Unidos, donde el tejido social se desmorona, los tiroteos masivos han aumentado en frecuencia hasta en un 60%, lo que estamos viendo es el crecimiento de movimientos de género fascista (prefascistas, protofascistas, posfascistas, neofascistas, fascistas neoliberales, fascistas periféricos, supremacistas blancos, populistas de derecha, entre otras denominaciones que comparten ciertas características o tendencias).

La pequeña burguesía es un sector social en disputa, En Estados Unidos, esta población es predominantemente blanca y nacionalista, disfruta de privilegios económicos, culturales y raciales y, con frecuencia, se hace llamar “la auténtica clase media”. Se dice que constituye quizás del 20 al 25 % de la población en las sociedades capitalistas más avanzadas, aunque su influencia se extiende más allá de su número.

El gran capital domina el terreno político-económico real en el que se desarrollan los movimientos de la derecha radical. Y cuando un movimiento fascista llega al poder, los grandes burgueses eliminan a los cuadros más radicales del fascismo, subordinando a estos partidos por completo a los intereses de la fracción capitalista dominante. Una vez en el poder las diversas versiones del fascismo utiliza intensamente la propaganda para ganarse a la clase media alta y a sectores de la clase trabajadora, ampliando su base social.

El neofascismo emergente en Estados Unidos tiene raíces en el “supremacismo blanco” que se remonta a la esclavitud y al pensamiento predominante de los primeros colonos británicos, mezclado con todo tipo de nuevos elementos ideológicos.

Gran parte de este grupo demográfico está asociado con el evangelismo de derecha que, en muchos aspectos, semeja al que apoya a Jair Bolsonaro en Brasil.

Si se observa el programa Trump, se nota que muchas de sus características ideológicas son consonantes con el estrato blanco inferior medio (nacionalismo, racismo, misoginia, antisocialismo, etc.), pero la habilidad política de Trump ha sido aprovechar estas ideologías regresivas como medio de movilización y poder político.

La consigna qué cohesiona su base social es la construcción de un muro a lo largo de la frontera mexicana y los nuevos centros de detención –más bien campos de concentración- que simbolizan una guerra contra los inmigrantes pobres.

Pero las políticas económicas de la administración Trump tienen poco que ver con las demandas de su base social. Trump ha acrecentado el poder del capital del monopolio financiero, ha dado enormes exenciones de impuestos y subsidios a las grandes empresas y a los ricos; ha promovido la desregulación económica y ambiental; ha socavado los sindicatos; está privatizando la educación; expandiendo el estado penal; destruyendo los pocos progresos realizados en atención médica y desarrollando una guerra implacable por la hegemonía estadounidense.

(*) Este artículo se puede reproducir citando al periódico POR ESTO como fuente.

(http://manuelyepe.wordpress.com)

Siguiente noticia

Asegura Díaz-Canel que Cuba 'está preparada” para 4 años más de Trump