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Cultura

Ecos de mi tierra

377

El reverbero de la viuda

Llegó Pantaleón Delgado

a casa del ferretero

a buscar un reverbero

de la marca Reformado.

Pantaleón, se han terminado,

le contesta el dueño amable,

y Pantaleón, incansable,

sigue esa labor sin duda

en la tienda de la viuda

del difunto Pancho Sable.

Llega al establecimiento

de la viuda, Pantaleón,

y recostado a un rincón

le dice con gesto atento:

Señora, quiero al momento

si me puede despachar.

¿Qué cosa viene a buscar?

Un reverbero, le expuso.

Sólo queda el de mi uso,

Pantaleón, particular.

Pantaleón le suplicó

de nuevo con fe crecida

y la viuda convencida

al punto le contestó:

Pantaleón, no puedo, no,

servirlo a usted, caballero,

porque estimo el reverbero

como un recuerdo valioso

que fue de Pancho mi esposo,

mi risueño amor primero.

La noche que me casé

en el pueblo matancero

estrené mi reverbero

haciendo un rico café.

Más tarde a Pancho estreché

en gesto acariciador,

porque yo era la flor

del jardín de las delicias,

envolviendo sus caricias

en las redes del amor.

No le cedo el de mi uso,

porque conservo de honor

la mecha en el quemador

que el mismo Pancho le puso.

Queda Pantaleón confuso

y se pone a meditar,

y la viuda sin pensar

le dice con noble gesto:

Ni lo vendo, ni lo presto,

ni se lo puedo alquilar.

Pantaleón decepcionado

por el pesar que le agobia

parte a casa de su novia,

Josefa Aroche Machado.

Le dice: ¿Qué te ha pasado?

¿Qué tú tienes, Pantaleón?

Y en profunda decepción

responde a Josefa Aroche:

Me voy y vengo a la noche

a darte la explicación.

Pantaleón acongojado

llegó a las diez de la noche,

adonde Josefa Aroche,

a contarle lo pasado.

Josefa estando a su lado

le dijo: Ven, mi ilusión,

no estés en la población

buscando más reverbero,

que uno bueno tengo y quiero

prestártelo, Pantaleón.

Pantaleón, mi reverbero

está bueno y bien cuidado,

puede darte resultado,

pero falta lo primero.

A la mecha me refiero

para poderlo encender,

y te podrás convencer,

porque te lo doy a prueba

o compro una mecha nueva

que se le pueda poner.

Jacinto Avilés

378

El pantalón

De harina un saco compré

para hacerme un pantalón,

pero en la equivocación

me lo hicieron al revés,

y cuando me lo probé

de talla me quedó bien,

pero no faltaba quien

me miraba y se reía

que en el fondillo decía

“Harina de Caibarién”

Anónimo

379

Refranes

“Era de noche y llovía”,

dice un refrán y por eso

“Está oscuro y huele a queso”,

otro refrán respondía.

“El palo tiene Jutía”

expresé con regocijo;

pero don Pancho me dijo

con la maldad que se esconde:

“La cosa se ha puesto donde

la mona no carga al hijo”.

Anónimo

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