Jorge Iván Borges Castillo*
Impresiones de viajero
A mi amigo Felipe de Jesús Ac Chi
Un arco pintado de azul nos dio la bienvenida, lo cruzamos airosamente con una sonrisa de satisfacción de llegar al pueblo de Huhí. La plaza principal, el corazón geográfico del lugar, lo componen construcciones que nos hablan de su pasado, en siglos que lo han consolidado hasta ser lo que ahora es, un próspero municipio, cuya industria local en el ámbito de las bolsas artesanales se perfila en mayor crecimiento.
Dice el Chilam Balam, cuando se refiere a la región donde se ubica este pueblo: “Pupulní Huh. Las iguanas eran sus genios cuando salieron allí… y sucedió que se fueron a Poc Huh. Este es el nombre del pozo en que sucedió que asaron iguanas”. El pueblo de Huhí fue una fundación prehispánica, aún quedan vestigios de la época maya en los alrededores de la plaza principal, así como en los solares de los vecinos. Perteneció al cacicazgo de Hocabá, cuya línea seguía el apellido Iuit, su cuchcabal, al momento de la conquista española su gran cacique fue bautizado y recibió por nombre Lorenzo Iuit, esto según aparece para 1552.
El nombre mismo de la comunidad nos habla de su origen maya. En su obra Etimologías Mayas, publicada en Mérida en 1910, Manuel Rejón García expone: “Del apellido maya Huh (iguana) se formó Huhil, estancia, sitio, coto o dominio de huh. Hubo un célebre capitán llamado Bil huh. En su estudio sobre el mismo tema, Domingo Martínez Paredez concluye por el significado del pueblo de Huhí por “Lugar de iguano o lugar de las iguanas”. El maestro William Brito Sansores, en la Enciclopedia Yucatanense, concluye también por “Lugar de las iguanas”.
Tras la conquista española se refunda como pueblo ya cristianizado, se trazan las primeras cuadras y se da orden a todo el pueblo, pero con el fin de un nuevo reordenamiento administrativo y político, los franciscanos realizaron un plan de reducción y la población de Huhí fue desplazada hasta el pueblo de Sanahcat, donde había de permanecer aun hasta finales del siglo XVII. El testimonio lo ofrece el religioso Fray Diego López de Cogolludo, cuando refiere: “Tzanlahcay la Asuncion de Nuestra Señora, y en aquel asiento están otros dos pueblos, Huhí y Tixcamahil”, como esos dos pueblos, otros más habían en el área, que tras una o dos décadas de conquista fueron reducidos a las poblaciones cercanas, estos quizá en respuesta a la baja población que éstas sufrieron por diferentes motivos como epidemias y hambrunas.
Pero es probable que en los años postreros a 1600 y principios del siglo siguiente, la población haya regresado al sitio original, y de nuevo reconstruida su capilla y rehabilitados sus espacios públicos como su casa real y sus calles.
Fueron los franciscanos los que realizaron la primera evangelización, bautizaron a los nativos de Huhí y dieron la bendición a sus uniones, bajo aquella antigua capilla del presbiterio de piedra y nave de paja. Ellos, los hijos de San Francisco, dieron por patrono del lugar al Príncipe de los Apóstoles, Fray Diego López lo dice para 1655: “Huhí de San Pedro Apóstol”. Y desde entonces, desde esos lejanos tiempos, floreció en Huhí una especial devoción por su patrono.
La imagen de San Pedrito, por su pequeña imagen, es de vestir y sus trajes son especialmente confeccionados con estola, casulla, capa pluvial y tiara pontificia, puesto que fue el gran primer pontífice de la Santa Madre Iglesia, aunque de un tiempo al presente lo hemos visto lucir traje como los hombres de la Galilea del siglo primero. ¡Preferimos verlos de pontífice, el cargo que fue elevado sobre su humanidad de hombre común!
Para el siglo XVIII, en el cual regresó a su asiento primitivo Huhí, se reconstruyó sus templo principal y levantó desde sus cimientos una casa cural, porque desde 1602 la administración religiosa había pasado en manos del clero secular, ya no había franciscanos, esa antigua casa cural se ubicaba en donde ahora se encuentra el parque principal que lleva el nombre de “Felipe Carrillo Puerto”. Aquel edificio se perdió irremediablemente en aras de un falso progreso, ¡Huhí y todo Yucatán perdieron una joya patrimonial cuando cayó la última piedra de aquel edificio, hace cuatro décadas atrás!
La iglesia de San Pedro luce con sus dos campanarios al frente y una amplia nave central. Que se ve henchida de devotos en los días de fiestas religiosas como el 29 de junio día del patrono.
Hay un aire melancólico en Huhí, aquella mañana que la visitamos recuerdo que me senté sobre la “escarpa”, como las banqueta de las casonas, mientras saciaba mi sed frente a la tienda “El Rosal”. me imagino cómo esos antiguos caminos eran transitados por los abuelos de Huhí entre caballos y carretas, entre mecapales y ajetreos, lo mismo por pagar costosos tributos como para asistir a las fiestas del pueblo, o regresar a sus ranchos desde donde habían bajado a la fiesta, como dice el Obispo Ignacio Padilla y Estrada, que aquella región estaba poblada de una gran cantidad de ranchos y estancias para cuando lo visitó en 1755.
El pasado de Huhí es rico, hasta el siglo pasado en su amplio territorio se raspaba henequén, había un comercio agrícola importante, como también de producción frutal. Aguas y algunos cenotes se cuentan como parte principal de su riqueza natural. Así como la práctica de la ganadería y en cierta escala la apicultura.
Huhí es hoy un municipio de los principales de nuestro Estado. Qué bonito es Huhí, me decía a mí mismo, y hoy lo digo en público. Su palacio municipal en armonía con el ambiente de esas antiguas casonas coloniales o decimonónicas, ahí en sus corredores principales se baila la jarana yucateca en los días de fiesta, ahí radica el poder municipal que lo hace autónomo, libre y soberano. Las callecitas de Huhí, con sus casitas de paja y los niños andando en libertad por esos rincones a pie o en bicicletas, nos hacen valorar los valores cívicos que aún conservamos los yucatecos.
En la cuestión municipal cuenta con su Honorable Ayuntamiento, que al parecer sostiene como máximo poder en la comunidad desde el decreto del 24 de julio de 1867.
Cuenta el municipio con una población que pasa ya los cinco mil habitantes, de la cual una buena parte es maya hablante.
En la historia de Huhí se registra algo de suma importancia, que es el asunto debido a su apellido “Valencia”, fue en honor del coronel Doroteo Valencia, llamado héroe de la Guerra de Castas, cuando se levantaron en armas los mayas del oriente en 1848 habían arrasado la gran mayoría de las comunidades, pero en Huhí un ejército formado por algunos vecinos, entre ellos el coronel mencionado, opusieron resistencia y vencieron, al grado que Huhí fue llamado el “Pequeño Campeche” porque en aquel puerto se había logrado, en otro momento, una victoria del ejército yucateco. No deja de ser controversial el nombre de este héroe que buscó salvar a su pueblo de Huhí. En el año de 1878, la Legislatura del Estado decretó que los Ayuntamientos y Juntas Municipales unieran su nombre al de un célebre héroe nacional o del Estado, haciendo que éstos sirvieran de lustre o divisa. La Junta Municipal de Huhí, obedeciendo al decreto, acordó en sesión extraordinaria celebrada en ese mismo año, tomar el apellido de Valencia en honra del mencionado Coronel. Si bien, el uso del nombre declinó en breve, solamente unas cuantas poblaciones yucatecas conservaron su apellido, como el caso específico de mi pueblo Tekal de Venegas, o de Dzilam Bravo o González.
Ahora que hemos aclarado este importante asunto de la historia local, hacemos votos para que recupere este municipio su apellido y que, desde ahora, sea llamado como Huhí de Valencia.
De algo estamos ciertos, falta escribir la historia del pueblo de Huhí.
En Huhí vimos patios floridos de chacsín amarillos y rojos, y vimos hermosas flores de mayo, bendigo esa tierra, no hay duda, guardo especial recuerdo a Huhí, ahí donde al brocal de su antiguo pozo asaron iguanas nuestros padres mayas como dice el Chilam Balam.
Mi gratitud al periódico POR ESTO! cuya divisa de Dignidad, Identidad y Soberanía nos permite compartir estas cortas líneas.