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Científicos buscan misteriosa mariposa gigante

SELVA DEL RÍO LOBAYE, República Centroafricana, 25 de diciembre (AFP).- Apoyado en las ramas de un árbol, a 40 metros del suelo, Nicolas Moulin inspecciona el horizonte con sus prismáticos de entomólogo en busca de un insecto muy preciado, oculto en la selva de color esmeralda.

Se trata de la Papilio antimachus, la mariposa más grande de África, casi desconocida por la ciencia. Desde su descubrimiento en 1782, nadie ha logrado encontrar la oruga y la crisálida de este insecto venenoso que puede alcanzar un tamaño de 20 a 25 centímetros.

Para acabar con el halo de misterio de esta mariposa, una expedición francesa, formada por una veintena de científicos y financiada con fondos privados, se instaló en el Sur de la República Centroafricana, en medio de la selva de la cuenca del río Lobaye.

“Es una zona de caza en que las mariposas macho vienen a beber sales minerales en el río y las capturan para venderlas a coleccionistas o hacer cuadros con ellas”, explica Moulin desde su atalaya.

Los cuadros con alas de mariposas son un objeto de artesanía del que viven muchos cazadores en República Centroafricana y cuyo precio alcanza los 1,500 euros.

Las mariposas macho que vuelan cerca del suelo son muy preciadas por sus extensas alas naranja con rayas negras.

Pero las hembras resultan bastante más difíciles de encontrar, ya que viven en la parte superior de los árboles donde recogen el néctar de las flores expuestas al sol.

Actualmente, no se puede determinar con exactitud los niveles de conservación del antimachus por la falta de datos científicos. “Los últimos que se disponen datan de 1960 y se trataba de media página en una revista científica”, afirma el veterano científico Philippe Annoyer, líder de la expedición.

Mariposa venenosa

Según las hipótesis de la delegación francesa, el Antimachus obtendría su veneno a través de la ingestión de hojas de Strophanthus gratus, una espesa liana que se encuentra en la cima de los árboles.

Por este motivo, los científicos buscan las flores de Strophanthus con la ayuda de un dron y luego instalan una sofisticada estructura con cuerdas que les permite explorar las lianas, con la esperanza de encontrar una oruga de la que nadie conoce su apariencia exacta.

Un proyecto incierto, pero que apasiona a unos entomólogos, cuya cara se ilumina cuando encuentran un helecho o una mantis religiosa.

Tras más de 30 años dedicados al estudio de esta mariposa, Annoyer, un francés nacido en Costa de Marfil, pretende concienciar sobre la necesidad de favorecer la procreación del antimachus.

“Las poblaciones locales deberían ser suficientes para proveer a los coleccionistas y los artesanos”, explica este científico con una espesa barba, quien recuerda que “debe limitarse la caza”.

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